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Sermón – «Yo os dejo la paz; yo os doy mi paz» Juan 14:27-32, 5 de mayo de 2026

  • 5 may
  • 2 Min. de lectura

El Evangelio de hoy nos presenta uno de los momentos más profundos del discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. Jesús dice:

«Yo os dejo la paz; os doy mi paz. No os la doy como el mundo la da.»

Estas palabras no hablan de una paz ordinaria. Se trata de una paz nacida de la unión con Dios, una paz que transforma profundamente el alma humana.

Jesús sabía que sus discípulos se enfrentarían al miedo, la incertidumbre y las dificultades.

Por lo tanto, les advierte: "No se angustien ni tengan miedo".

La paz que aquí se ofrece no es la ausencia de problemas; es una fuerza que sostiene y guía a las personas incluso en medio de las dificultades.

En este punto, podemos establecer una conexión profunda con las enseñanzas de San Ignacio de Loyola.

Ignacio de Loyola hace gran hincapié en la paz interior en su doctrina del discernimiento de las almas.

Según él, cuando seguimos un camino que se alinea con la voluntad de Dios, surge en nuestro interior un estado que él llama "consuelo": una paz profunda.

Por el contrario, la inquietud interior, la confusión y un estado constante de angustia a menudo pueden ser un signo de alejamiento de Dios.

Según Ignacio, lo que importa no son las circunstancias externas, sino esos movimientos internos que se experimentan en el corazón.

Porque Dios a menudo habla a las personas a través de esta paz interior.

En la Biblia, la confianza de Jesús en el Padre es también el fundamento de esta paz.

Dice que se va, pero recalca que no se trata de una separación, sino de parte del plan de Dios.

Esta confianza es la fuente de la verdadera paz. Ignacio también sugiere que uno debe actuar con esta confianza al buscar la voluntad de Dios en su vida.

Dios siempre tiene el control y sabe lo que es mejor para nosotros.

Por lo tanto, la paz no es solo un regalo, sino también una guía.

Al tomar decisiones en la vida, ya sea sobre la carrera profesional, la familia o la vida espiritual, uno debe escuchar esa profunda paz interior.

No son las emociones pasajeras, sino la paz duradera que nos guía hacia Dios la que nos muestra el camino correcto.

Por consiguiente, buscar y preservar la paz que nos dio Jesús es fundamental para la vida cristiana.

Esta paz no solo nos reconforta, sino que también se convierte en una herramienta fiable que nos ayuda a discernir lo que Dios quiere que hagamos.

Que la Virgen María nos ayude a comprender lo que Dios quiere para nosotros y lo que debemos hacer para no alejarnos jamás de su presencia.

 
 
 

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