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Sermón – Sexto Domingo de Pascua – 10 de mayo de 2026

  • 10 may
  • 3 Min. de lectura

En el capítulo de Juan de hoy, Jesús nos enseña el verdadero significado del amor. Porque "amor" es una de las palabras más usadas, pero también una de las más incomprendidas en el mundo actual.


En el mundo actual, el amor suele presentarse simplemente como una emoción, una aventura pasajera, un interés propio o un capricho pasajero. La gente a menudo ama solo mientras le conviene, mientras reciba algo a cambio. El amor ha llegado a entenderse no como un sacrificio personal, sino simplemente como una forma de "sentirse bien".


Pero el amor que Jesús describe es diferente. Jesús dice: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos». Aquí Jesús nos muestra que el verdadero amor no son solo palabras; es fidelidad, obediencia y una forma de vida. Amar a Jesús no es simplemente decir: «Te amo, Señor». Significa vivir según sus enseñanzas. Esto es lo que realmente significa ser cristiano y seguir a Cristo. Debemos escuchar y actuar.


Jesús demostró su amor en la cruz. Su amor no se compone simplemente de bellas palabras; es sacrificio, entrega y lealtad inquebrantable. Por supuesto, las emociones existen. No podemos negar que las tenemos. Somos humanos. Las emociones pueden ayudarnos. El problema surge cuando atribuimos todo el significado del amor a las emociones.


Y entonces Jesús hace una gran promesa: el Espíritu Santo será dado a quien lo ame y guarde su palabra. Porque el Espíritu Santo no habita en un corazón cerrado a la voluntad de Dios. Por lo tanto, Jesús no separa el amor de la obediencia.


¿Qué significa, entonces, «cumplir los Diez Mandamientos de Dios»? No se trata simplemente de memorizar reglas o vivir una vida religiosa por miedo. Significa guardar la palabra de Dios en el corazón y aplicarla en la vida diaria. En otras palabras, significa integrar las enseñanzas de Jesús en nuestra vida. El mandamiento más importante es amar a Dios por encima de todo y amar al prójimo como a uno mismo.


Cumplir los mandamientos significa perdonar a quienes nos lastiman, elegir la verdad sobre la mentira, alejarnos de la injusticia y vivir con un corazón puro. Vivir con un corazón puro significa tener un corazón puro que anhela una devoción completa a Dios. También incluye respetar a la familia, ayudar a los pobres, seguir orando incluso cuando no tengamos ganas, mantenernos firmes en la fe en tiempos difíciles y mostrar amor sincero a los demás. Debemos mantener nuestra conexión con Dios cada día, porque cumplir los mandamientos significa elegir a Dios cada día.


¿Cómo podemos poner esto en práctica en nuestra vida diaria? Si, cuando alguien nos trata mal, no respondemos con odio sino que mantenemos la paciencia, estamos cumpliendo el mandato de Dios. Si luchamos contra el pecado incluso cuando nadie nos ve, estamos cumpliendo los mandamientos. Cuando ayudamos a alguien sin esperar nada a cambio, estamos experimentando el amor de Cristo.


Pero hacerlo solos no es fácil. Para cumplir la voluntad de Dios y seguir a Jesús de manera fructífera, necesitamos su gracia. Por eso Jesús promete el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos da fuerza, guía y nos apoya en las cosas que parecen difíciles. Sin el Espíritu Santo, los mandamientos son una carga. Con el Espíritu Santo, los mandamientos se convierten en una forma de vida.


El mundo dice: «Haz lo que quieras». Jesús dice: «Elige el camino que lleva a la vida eterna». El mundo dice: «El amor es solo sentir». Jesús dice: «El amor es ser fiel».


Y al final del Evangelio, Jesús nos consuela: «No los dejaré huérfanos». El Señor jamás nos abandona. Sigue acompañándonos por medio del Espíritu Santo. Aunque caigamos, aunque seamos débiles, Dios no nos dejará solos.


Hoy, preguntémonos: ¿Amamos verdaderamente a Jesús? ¿Lo demuestra nuestra vida? Pidámosle al Señor amarlo no solo de palabra, sino también con nuestro ejemplo. Que el Espíritu Santo transforme nuestros corazones para que vivamos según los mandamientos de Dios por amor, no por temor.


Que la Virgen María interceda por nosotros para que siempre podamos hacer lo que Jesús nos pidió.

 
 
 

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