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Sermón – “Quien recibe lo que yo le envío, me recibe a mí” – 30 de abril de 2026

  • 30 abr
  • 2 Min. de lectura

En la Biblia de hoy, Jesús nos recuerda una profunda verdad:


«El que recibe lo que yo le envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió» (Juan 13:20).

Esta afirmación nos muestra que Dios obra a través de las personas. Jesús envía a sus discípulos, siervos y apóstoles. Y aceptar a estos mensajeros es, de hecho, aceptar a Jesús mismo.


Pero hay un punto muy importante: quien es enviado proclama a Jesús, no a sí mismo. El verdadero siervo no es egocéntrico. No antepone sus propios pensamientos ni intereses. Su tarea es mostrar a Jesús, presentarlo y guiar a las personas hacia él.


Por lo tanto, deberíamos hacernos esta pregunta:


¿Qué les estamos proclamando a los demás? ¿A nosotros mismos o a Cristo?


Jesús también nos llama a recibirlo y aceptarlo. Porque aceptar a quienes Él envía es aceptar a Cristo mismo. Esto requiere humildad, porque a veces Dios nos habla a través de personas muy sencillas y corrientes.


Tal vez un amigo, un familiar, alguien necesitado… ¿Podemos ver a Jesús en ellos?


Y una de las cosas más poderosas que Jesús dijo jamás es esta:


"Si conoces estas cosas y las pones en práctica, ¡bienaventurado eres!"


Así que, saber no basta. Escuchar no basta. La verdadera felicidad proviene de vivir lo que sabemos.


A menudo sabemos qué es lo correcto: amar, perdonar, servir, pensar en los demás en lugar de en nosotros mismos…


Pero Jesús nos dice hoy: La felicidad comienza cuando ponemos estas cosas en práctica.


Así pues, esta Biblia nos hace tres llamamientos:


  • Seamos testigos veraces, proclamando a Jesús, no a nosotros mismos.


  • Demos la bienvenida a Jesús aceptando lo que nos envió.


  • Y comencemos a vivir la verdad que conocemos.


Que el Señor nos conceda la gracia de ser siervos humildes, de conocerle y de reflejarle en nuestras vidas.


Porque la verdadera felicidad reside en poner en práctica las palabras de Jesús.


Que la Virgen María nos ayude siempre a seguir el camino que conduce a la verdadera felicidad.

 
 
 

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