Sermón – “Permaneced en mi amor” – Juan 15:9-11 – 7 de mayo de 2026
- 7 may
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En el Evangelio de hoy, Jesús nos habla de permanecer en su amor: «Permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor».
Hoy en día, el mundo habla mucho de amor. Oímos hablar de amor por todas partes: en canciones, películas, redes sociales. Pero a menudo, el amor se presenta como una simple emoción, un sentimiento pasajero. Se dice que si siento algo, amo a alguien; si ya no siento nada, entonces el amor se acabó.
Pero Jesús nos enseña una verdad mucho más profunda. El verdadero amor no es solo un sentimiento. El amor es una decisión, un compromiso, el cumplimiento de la voluntad de Dios.
Por lo tanto, Jesús combina el amor con los mandamientos: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor”.
Jesús nos enseña que el amor no se trata solo de decir palabras bonitas o sentir emociones intensas. El amor es obediencia a Dios, incluso en los momentos difíciles. El amor es perdón cuando las cosas se ponen difíciles. El amor es servicio cuando estamos cansados. El amor es permanecer fieles hasta el final.
En el Evangelio de mañana, Jesús nos recordará el mandamiento más importante: amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Estos dos amores van de la mano. No podemos decir que amamos a Dios si no amamos concretamente a nuestro hermano o hermana.
El amor visible que podemos experimentar en la Tierra se manifiesta a través de las acciones. El amor se vuelve tangible cuando hacemos algo por otra persona: cuando ayudamos, escuchamos, corregimos con amor, nos preocupamos, dedicamos nuestro tiempo y oramos por alguien.
No podemos saber si amamos a alguien fijándonos en si sentimos algo por esa persona. Si podemos desearle lo mejor y querer que sea feliz, eso significa que la amamos.
El mayor bien que podemos desear para todos es la salvación eterna.
Y cuando deseo lo mejor para alguien, si puedo hacer algo tangible para satisfacer sus necesidades, entonces puedo lograr lo que deseo para esa persona.
Jesús nos amó de esta manera. Su amor no se limitaba a palabras o sentimientos. Dio su vida por nosotros en la cruz.
Hoy, pidamos la gracia de permanecer en el amor de Cristo; no con emociones pasajeras, sino con una vida llena de obediencia, fidelidad y amor tangible.
De este modo, nuestra alegría será completa, tal como Jesús prometió en el Evangelio.
Que la Virgen María, tal como siempre lo hizo en su propia vida, nos enseñe a amar cumpliendo siempre la voluntad de Dios.



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