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Sermón – Memorial de Nuestra Señora del Monte Carmelo – 16 de julio de 2026

  • 16 jul
  • 2 min de lectura

Hoy celebramos la memoria de Nuestra Señora del Monte Carmelo, conocida en español como Nuestra Señora del Carmen.


La historia de esta devoción comienza con el profeta Elías, quien oró a Dios en el Monte Carmelo e hizo descender fuego del cielo para quemar el sacrificio. Al hacerlo, Elías demostró que solo hay un Dios.


Siglos después, algunos monjes cristianos, deseando emular al profeta Elías, fundaron aquí una orden religiosa y un monasterio. Tras la conquista de Tierra Santa por los ejércitos islámicos, se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo y se dispersaron por diversas tierras cristianas.


El gran milagro tuvo lugar en Inglaterra. La Virgen María se apareció a San Simón Stock y le entregó el manto de la Virgen María, conocido como el escapulario. Hoy en día, los escapularios se pueden encontrar en forma de collar de tela o cadena de plata. Es importante destacar que llevan la imagen de la Virgen María en un lado y el Sagrado Corazón de Jesús en el otro.


La Virgen María hizo dos promesas a quienes llevaban la escápula en señal de reverencia:

  1. Quienes mueran con sus escápulas puestas no irán al infierno.

  2. Serán liberados del purgatorio el primer sábado después de su muerte.


Las condiciones necesarias para beneficiarse de estas dos bendiciones son las siguientes:

  1. Las escápulas deben ser colocadas por un sacerdote. Existe un ritual especial para la colocación de las escápulas; no basta con que uno mismo las bendiga y se las coloque.

  2. Los escapularios deben usarse diariamente y con sinceridad durante toda la vida. Es importante recordar que quien los usa tiene una devoción especial a la Virgen María y debe esforzarse por vivir una vida santa.

  3. Cada persona debe vivir según las virtudes de la pureza y la castidad, de acuerdo con sus propias circunstancias vitales.

  4. Se debe rezar la «Oración a María». Esta oración puede sustituirse por otras oraciones a la Virgen María con la aprobación de un sacerdote.


Pidamos a la Santísima Virgen María la gracia de consagrarnos por completo a ella; porque quien se consagra a ella jamás se perderá.

 
 
 

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