Sermón – No nos dejemos atrapar por el pasado (Lucas 8:1-3) – 18 de septiembre de 2026

Ayer, en la Biblia, escuchamos sobre una mujer pecadora que cayó a los pies de Jesús y recibió su perdón.
Hoy vemos el fruto de esa misma transformación: una mujer que comienza a seguir los pasos de Jesús.
Jesús no solo le concedió el perdón de sus pecados, sino que le dio una nueva vida.
La mujer perdonada ya no desea regresar a su pasado. Abre su corazón a Jesús y comienza a seguirlo.
En la Biblia de hoy, vemos a María, junto con otras mujeres, siguiendo a Jesús. Le sirven con lo que tienen.
Para María, el centro de su vida ya no es el mundo ni los pecados del pasado, sino Cristo mismo.
El verdadero arrepentimiento no consiste solo en decir: "He pecado", sino también en poder decir: "Quiero seguir a Jesús ahora y ya no quiero pecar".
Un hermoso cambio se ha producido en la vida de María: la mujer que ayer lloraba a los pies de Jesús es hoy una discípula que camina por sus caminos.
Las lágrimas se han transformado en servicio, y el vacío dejado por el pecado en amor.
Por lo tanto, preguntémonos también: Cuando Jesús me perdona, ¿realmente lo estoy siguiendo?
¿Sigo anclado en el pasado o estoy aceptando la nueva vida que Cristo me ha ofrecido?
El Señor no nos pide que seamos perfectos, sino que sigamos sus pasos con el corazón vuelto hacia Él.
No nos detengamos en el pasado. Dejémoslo en manos de la mirada misericordiosa de Dios.
En el presente y en el futuro, mantengamos siempre la mirada fija en Jesús.
Por la intercesión de Santa María Magdalena, que podamos apartarnos de nuestros pecados y vivir más cerca de Jesús; que no solo lo amemos, sino que nos convirtamos en discípulos fieles que lo sigan cada día.
Que la Virgen María nos ayude a seguir siempre a Jesús con un corazón puro.



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