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Sermón – Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí (Marcos 10:46-52) – 28 de mayo de 2026

  • 28 may
  • 1 min de lectura

El texto bíblico de hoy nos enseña la importancia de la perseverancia en la oración y la fe en Jesús.


Cuando el mendigo ciego oyó que Jesús había pasado, comenzó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!». Gritó porque sabía y creía que Jesús podía curarlo.


La Biblia dice: “Algunos le reprendieron para que se callara, pero él gritó aún más fuerte”.


Esta es la gran enseñanza de la Biblia de hoy: sin importar las dificultades que enfrentemos, incluso si pecamos, lo que importa es que no dejemos de orar a Dios y pedirle ayuda.


«Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí».

Aunque Dios parezca no escucharnos, debemos perseverar, debemos gritar más fuerte. Debemos orar con mayor intensidad.


No creo que ninguno de nosotros aquí crea que Jesús no puede sanarte o rescatarte de ese grave pecado o de esa frialdad en la fe. ¡Por supuesto que creemos que Jesús es todopoderoso!


Lo que nos falta es algo que le falta a Bartimeo: la generosidad de la perseverancia en la oración.


Un detalle interesante es que Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?», como si no supiera lo que el ciego deseaba. Con esto, el Señor nos muestra cuánto nos ama al pedirnos que seamos perseverantes en la oración, que oremos y que hablemos con Él.


Pidamos la gracia de tener espíritu de lucha en nuestras oraciones , para que, a pesar de las distracciones y las dificultades, podamos seguir orando hasta que Jesús nos conceda lo que le pedimos.

 
 
 

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