Sermón – El que permanece en Jesús siempre da fruto – Juan 15:1-8 – 6 de mayo de 2026
- 6 may
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La Biblia de hoy nos ofrece una analogía profunda pero sencilla: Jesús es la vid, nosotros somos las ramas y el Padre es el jardinero.
Jesús dice: «Yo soy la vid verdadera». Esto nos recuerda que Él es la fuente de nuestra vida. Una rama no puede vivir por sí sola; solo puede vivir si está unida a la vid. De igual manera, solo podemos vivir plenamente cuando estamos unidos a Jesús. Por lo tanto, el propósito de todo lo que hacemos debe ser agradar a Jesús, vivir según su voluntad.
«Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes». Permanecer en Jesús no es algo pasajero, sino una relación duradera. Esta unión se nutre de la oración, la Palabra de Dios, los sacramentos y las decisiones que tomamos en la vida diaria. Cuando permanecemos unidos a Jesús, damos fruto: frutos espirituales como el amor, la paciencia, la compasión y la paz. Estos son signos de una vida transformada, no solo externamente, sino también internamente.
Jesús habla de dos situaciones distintas: una rama estéril y una rama fructífera. La rama estéril está cortada. Esto simboliza a la persona que vive lejos de Jesús, que ha roto su conexión con Él. Esto no es un castigo, sino una consecuencia: quien se separa de la fuente de vida se marchita por dentro. Si no damos fruto, es porque nos hemos alejado de Jesús.
Pero incluso la rama que da fruto pasa por un proceso: se poda. Aquí reside una verdad crucial para nuestra vida espiritual. Dios limpia y purifica las ramas que dan fruto para que puedan dar aún más fruto.
Esta purificación suele ocurrir a través de las dificultades, el sufrimiento, las pruebas y los sacrificios de nuestra vida. Tendemos a pensar que si estamos con Jesús, nada malo nos sucederá. Sin embargo, Jesús permite las dificultades en nuestra vida para que podamos dar más fruto. Él desea purificar y fortalecer nuestra fe mediante la crucifixión.
Estas experiencias no son fáciles. A veces nos cuesta comprenderlas. Pero no son señales de que Dios nos haya abandonado, sino de que se preocupa por nosotros. Un jardinero no corta la rama; la poda para fortalecerla. Dios elimina lo innecesario de nuestras vidas: nuestro egoísmo, nuestros apegos excesivos, nuestro orgullo. Así, más vida puede brotar en nuestro interior.
Por lo tanto, cuando nos enfrentamos a dificultades, podemos preguntarnos: "¿Qué quiere Dios purificar en mí?". No necesitamos preguntar por qué; lo que realmente debemos preguntarnos es por qué Jesús permite las dificultades en nuestras vidas. En lugar de desesperarnos, podemos tener fe, porque Dios nos está preparando para dar aún más fruto.
No olvidemos las palabras de Jesús: «Sin mí, no podéis hacer nada». Esto no pretende menospreciarnos, sino guiarnos hacia la fuente correcta.
Hoy, renovemos nuestra resolución en nuestros corazones: permanecer en Jesús, hacer todo lo posible por agradarle y aceptar con fe las purificaciones que la vida nos trae.
Porque todo aquel que permanece en Jesús nunca se vuelve estéril; siempre da fruto, y es un fruto que perdura.
Que la Virgen María nos ayude a mantener siempre la mirada fija en Jesús, incluso cuando afrontemos dificultades.



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