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Sermón – Día de conmemoración de San Luis María Grignion de Montfort – 28 de abril de 2026

  • 28 abr
  • 3 min de lectura

San Luis María Grignion de Montfort fue uno de los grandes santos misioneros de la Iglesia y un gran maestro de la verdadera devoción a la Virgen María. Toda su vida estuvo marcada por un único deseo: llevar almas a Jesucristo. Y descubrió que la manera más segura, rápida y perfecta de hacerlo era a través de María.


Nació en Francia en 1673. Desde su infancia, sintió una profunda devoción por la Virgen María. A temprana edad, añadió el nombre de "María" al suyo, señal de su total consagración a la Madre de Dios.


Se ordenó sacerdote y dedicó su vida a predicar el evangelio. Recorrió pueblos y aldeas, predicando con gran fervor, llamando a los pecadores al arrepentimiento y reavivando la fe debilitada. San Luis no fue un sacerdote que disfrutara de una vida cómoda. Fue perseguido, incomprendido, humillado e incluso rechazado por algunos miembros de la Iglesia. Pero jamás se rindió.


Como un verdadero misionero, viajó a pie, soportó penurias, se hospedó en lugares humildes y dedicó su vida a los pobres, los abandonados y los pecadores. Sus sermones eran poderosos porque estaban impulsados por la oración y un profundo amor a Cristo.


Pero lo que más definía su espiritualidad era su profunda devoción a la Santísima Virgen María. Comprendía una verdad fundamental: María jamás podrá reemplazar a Jesús; al contrario, siempre nos conduce a Él.


Su obra más importante, * Tratado sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen*, enseña precisamente esto: cuanto más pertenecemos a María, más pertenecemos a Jesús. Porque María es el camino elegido por Dios. Cristo vino al mundo a través de ella, y busca nuevamente su mediación para reinar en los corazones de los hombres.


Según San Luis, la verdadera devoción a María no es simplemente una expresión emocional de amor ni unas pocas oraciones. Es una entrega total: confiarle a María nuestras oraciones, nuestros trabajos, nuestras luchas y nuestra vida entera, permitiéndole que los utilice para la mayor gloria de Dios.


Él lo llamó «esclavitud del amor»: pertenecer completamente a Jesús por medio de María. Esto no es perder la libertad, sino encontrar la verdadera libertad. Porque quien pertenece a María aprende a pertenecer completamente a Cristo.


Aquí reside una gran lección para nosotros. A menudo intentamos llegar a Jesús solo con nuestras propias fuerzas, y pronto nos cansamos. Pero María es la madre que Dios nos dio para guiarnos con confianza. En la cruz, Jesús dijo: «Ahí tienes a tu madre» (Juan 19:27). Esta afirmación no era solo para Juan, sino para toda la Iglesia.


La devoción a María no es opcional para quien desea profundizar en su vida espiritual. No se trata de anteponer a María a Cristo, sino de aceptar el plan de Dios. Quien ama a la Madre, ama aún más al Hijo.


María nos enseña humildad, pureza, obediencia, paz interior y lealtad. Ella forma santos. Ella aplastará la cabeza de la serpiente. Ella protege a sus hijos.


San Luis María Grignion de Montfort decía que, en tiempos de dificultad para la Iglesia, Dios suscitaría grandes santos de María: almas completamente entregadas a ella, llenas del Espíritu Santo, firmes en la fe y valientes en su misión. Quizás esta vocación sea para nosotros hoy.


En este mundo herido por el pecado, lleno de confusión y alejado de Dios, necesitamos volver a la escuela de María. Debemos aprender a decir con ella: «Hágase como me has dicho».


Hoy, al conmemorar a San Luis María Grignion de Montfort, pidamos esta gracia: amar a la Virgen María con sinceridad y sin temor. Quien se entrega a María no se aleja de Jesús; al contrario, lo alcanza más rápidamente.


Repitamos con el corazón esta frase que San Luis vivió con toda su alma: “Totus Tuus” — Soy completamente tuyo, María; todo lo que poseo es tuyo, para que yo pertenezca enteramente a Jesús.


Busquemos la intercesión de San Luis María para que aprendamos a amar a María con todo nuestro corazón y así pertenecer completamente a Jesús.

 
 
 

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